Nadie sabe cómo murió Froilán.
Quizás le pegó un rugbier.
Quizás se asfixió con un cordón umbilical, aunque de dónde va a sacar Froilán un cordón umbilical.
Quizás se resbaló con una cáscara de banana y pegó con la nuca en el cordón de la General Paz.
Quizás Michael Jordan le disparó en el abdomen porque no le pagó la plata que le debía, pero no creo que Froilán tuviera deudas. Menos con Michael Jordan.
Quizás entró en combustión espontánea mientras hacía origamis. Pero es improbable porque la combustión espontánea no existe. Eso dicen todos, menos el agente Mulder. Pero el agente Mulder es un personaje de ficción, que es lo que me cuesta distinguir de la realidad, según Rod Stewart, mi psicólogo.
Quizás falleció de muerte natural y tiraron sus cenizas en el Nilo. Pero sería raro porque a Froilán no le gustaban las pirámides. Decía, textualmente, que eran hediondas y que el podía hacer unas mucho mejores. Pero Froilán, le decíamos, los egipcios no tenían grúas, ni ninguna tecnología de la que hay ahora. Seh, bue, decía Froilán, por eso les salieron tan hediondas.
Quizás se lo llevaron los extraterrestres y le dieron de comer ensalada de tomate con vinagre y cianuro porque no sabían que el cianuro mata a los humanos.
Quizás lo atropelló un Ford Fiesta. Qué feo que te atropelle un Ford Fiesta. Peor debe ser que te atropelle una aplanadora, igual.
Quizás se cayó de la cama sobre una bala. Todos le decíamos no pongas balas al lado de la cama, Froilán, mirá si te caés mientras dormís. Pero el no hacía caso.
O quizás está vivo. Nadie sabe como murió Froilán porque por ahí no murió y sigue vendiendo despertadores en la peatonal. Habría que fijarse.
Quizás le pegó un rugbier.
Quizás se asfixió con un cordón umbilical, aunque de dónde va a sacar Froilán un cordón umbilical.
Quizás se resbaló con una cáscara de banana y pegó con la nuca en el cordón de la General Paz.
Quizás Michael Jordan le disparó en el abdomen porque no le pagó la plata que le debía, pero no creo que Froilán tuviera deudas. Menos con Michael Jordan.
Quizás entró en combustión espontánea mientras hacía origamis. Pero es improbable porque la combustión espontánea no existe. Eso dicen todos, menos el agente Mulder. Pero el agente Mulder es un personaje de ficción, que es lo que me cuesta distinguir de la realidad, según Rod Stewart, mi psicólogo.
Quizás falleció de muerte natural y tiraron sus cenizas en el Nilo. Pero sería raro porque a Froilán no le gustaban las pirámides. Decía, textualmente, que eran hediondas y que el podía hacer unas mucho mejores. Pero Froilán, le decíamos, los egipcios no tenían grúas, ni ninguna tecnología de la que hay ahora. Seh, bue, decía Froilán, por eso les salieron tan hediondas.
Quizás se lo llevaron los extraterrestres y le dieron de comer ensalada de tomate con vinagre y cianuro porque no sabían que el cianuro mata a los humanos.
Quizás lo atropelló un Ford Fiesta. Qué feo que te atropelle un Ford Fiesta. Peor debe ser que te atropelle una aplanadora, igual.
Quizás se cayó de la cama sobre una bala. Todos le decíamos no pongas balas al lado de la cama, Froilán, mirá si te caés mientras dormís. Pero el no hacía caso.
O quizás está vivo. Nadie sabe como murió Froilán porque por ahí no murió y sigue vendiendo despertadores en la peatonal. Habría que fijarse.



