Por ahí usted no sabe lo que se dice nada sobre mi terapeuta, y quiera informarse leyendo esto.
Rod Stewart es mi terapeuta. Se llama igual que el músico, pero no es el músico, es terapeuta. Ni siquiera es cualquier músico, porque no sabe ni silbar. Pero no importa porque como terapeuta la verdad que para mí es de los mejores, además seguro que el Rod Stewart músico no tiene la más mínima idea de cómo hacer sentir bien a la gente solamente hablándoles.
Lo extrañé mientras viajaba, a Rod Stewart (terapeuta). Así que cuando volví, en vez de una estuve dos horas y media en el consultorio. Tenía que contarle un montón de cosas. Para cuando terminé ya era de noche. Su teléfono celular había sonado muchas veces pero el siempre había cortado sin atender. Cada vez que sonaba yo seguía relatando mi viaje como si nada, pero por dentro me preocupaba un poquito por esa gente que llamaba y se quedaba sin respuesta. Me imaginé que podían necesitar ayuda urgente, como por ejemplo que se habían tragado un frasco enterito de prozac o que sentían una necesidad urgente de abrazar una oveja o también podía ser que estuvieran balanceándose en la baranda de un puente o en la cornisa de un edificio, y ante la duda hubieran decidido llamar a Rod Stewart antes de decidir si saltaban o si seguían con su vida y se iban no sé, a tomar un brandy, por ejemplo.
Cuando terminé de contarle mis vacaciones, mi terapeuta Rod Stewart se quedó unos segundos en silencio, respirando tranquilamente y releyendo las notas que había tomado mientras yo hablaba hablaba hablaba. Finalmente dijo:
_ Y ahora querés irte y poner todo en el blog, ¿no?.
_ Sí, para que lo lean los chicos de Internet.
_ Pero los chicos de Internet podrían enojarse, podrían tomar esto como un signo de pedantería, de que te la tirás de viajerito y después se lo refregás virtualmente en sus caras.
Rod Stewart se puso de pie, y bailando alrededor cantó, con voz como de nene:
_ Ay miren, soy el viajerito, soy el viajerito que conoció Amsterdam.
_ Pero yo solamente quiero hacer catarsis. Yo escribo para sacarme las cosas y que queden en Internet y listo.
_ Como quieras, pero a mí me parece que tenés que pensar en el lector también.
_ ¿El lector?.
_ O sea, los chicos de Internet.
_ Ah, claro, qué tonto.
Y por eso ahora no voy a contar nada de mi viaje excepto que Amsterdam es muy linda ciudad, con dragones por todos lados, y Bruselas es muy linda ciudad y Brujas también, y que la primera es la capital de Holanda, la segunda de Bélgica y ahí nació Julio Cortazar a pesar de lo cual es Argentino y una prueba de eso es que escribió Rayuela, el mejor libro del mundo, en español argentino, y también voy a contar que Brujas queda cerquita de Bruselas y es un pueblo y cada calle es una postal; esto significa que es muy linda, no que los automóviles circulan sobre cartones con imágenes de paisajes o edificios históricos.
Rod Stewart es mi terapeuta. Se llama igual que el músico, pero no es el músico, es terapeuta. Ni siquiera es cualquier músico, porque no sabe ni silbar. Pero no importa porque como terapeuta la verdad que para mí es de los mejores, además seguro que el Rod Stewart músico no tiene la más mínima idea de cómo hacer sentir bien a la gente solamente hablándoles.
Lo extrañé mientras viajaba, a Rod Stewart (terapeuta). Así que cuando volví, en vez de una estuve dos horas y media en el consultorio. Tenía que contarle un montón de cosas. Para cuando terminé ya era de noche. Su teléfono celular había sonado muchas veces pero el siempre había cortado sin atender. Cada vez que sonaba yo seguía relatando mi viaje como si nada, pero por dentro me preocupaba un poquito por esa gente que llamaba y se quedaba sin respuesta. Me imaginé que podían necesitar ayuda urgente, como por ejemplo que se habían tragado un frasco enterito de prozac o que sentían una necesidad urgente de abrazar una oveja o también podía ser que estuvieran balanceándose en la baranda de un puente o en la cornisa de un edificio, y ante la duda hubieran decidido llamar a Rod Stewart antes de decidir si saltaban o si seguían con su vida y se iban no sé, a tomar un brandy, por ejemplo.
Cuando terminé de contarle mis vacaciones, mi terapeuta Rod Stewart se quedó unos segundos en silencio, respirando tranquilamente y releyendo las notas que había tomado mientras yo hablaba hablaba hablaba. Finalmente dijo:
_ Y ahora querés irte y poner todo en el blog, ¿no?.
_ Sí, para que lo lean los chicos de Internet.
_ Pero los chicos de Internet podrían enojarse, podrían tomar esto como un signo de pedantería, de que te la tirás de viajerito y después se lo refregás virtualmente en sus caras.
Rod Stewart se puso de pie, y bailando alrededor cantó, con voz como de nene:
_ Ay miren, soy el viajerito, soy el viajerito que conoció Amsterdam.
_ Pero yo solamente quiero hacer catarsis. Yo escribo para sacarme las cosas y que queden en Internet y listo.
_ Como quieras, pero a mí me parece que tenés que pensar en el lector también.
_ ¿El lector?.
_ O sea, los chicos de Internet.
_ Ah, claro, qué tonto.
Y por eso ahora no voy a contar nada de mi viaje excepto que Amsterdam es muy linda ciudad, con dragones por todos lados, y Bruselas es muy linda ciudad y Brujas también, y que la primera es la capital de Holanda, la segunda de Bélgica y ahí nació Julio Cortazar a pesar de lo cual es Argentino y una prueba de eso es que escribió Rayuela, el mejor libro del mundo, en español argentino, y también voy a contar que Brujas queda cerquita de Bruselas y es un pueblo y cada calle es una postal; esto significa que es muy linda, no que los automóviles circulan sobre cartones con imágenes de paisajes o edificios históricos.




