El viaje en metro es corto, son apenas dos estaciones y me bajo. Sin embargo, esas dos estaciones son suficientes para que vea a tres personas, en distintos puntos del vagón, leyendo un libro gordo, de lomo blanco. Yo estoy con el mp3 y no presto mucha atención.
Llego a Catalunya.
Por los pasillos subterráneos que conectan el metro con la estación de trenes que me lleva hasta Terrassa vuelvo a ver aquí y alla los benditos libros de lomo blanco. Pienso "estarán regalándolos en algún lado"... pero sigo caminando sin demasiada curiosidad.
Me siento al borde de la escalera mecánica, de frente a la vía uno, y espero el tren. Se acercan un nenito y su mamá. La mamá le dice "siéntate ahí hasta que llegue el tren". El nene se sienta al lado mío y hojea un ejemplar del libro de lomo blanco. Por supuesto que no me hace falta leer el título. Con ver el pelo revuelto y los grandes anteojos redondos del personaje que sale en la tapa me sobra.
Pienso ¿qué... ya salió el último de Harry Potter(*)?
Anuncian el tren a Manresa (el que tengo que tomarme), pero yo oigo el aviso desde la escalera mecánica, subiendo ya en dirección al Corte Inglés.
Yo tengo 22 años. No soy un fanático de esos que han visto la peli siete veces, leído el libro quince y saben todo sobre J.K. Rowling. Admirablemente resistí la tentación de leer las traducciones de fanáticos que merodean en Internet. Nunca hasta hoy había comprado un libro de la serie. Siempre me los prestaron.
Pero tampoco soy masoquista, y si el libro está a la venta y me alcanza la plata, para qué esperar.
Y la plata me alcanzó de pedo.
En la sección de libros del Corte Inglés hubo una fiesta de lanzamiento. Hubo magos, gente disfrazada de personajes del libro, regalos. Yo llegué tarde, cuando todo había terminado, pero no me importó. A mi de Harry Potter lo único que me gusta es leer los libros. Después de todo, tengo 22 años.
En la cola para pagar había muchas personas. Adelante mío había un viejito y adelante del viejito un chico de 11 años, como mucho.
Ambos con Harry Potter y las Reliquias de la Muerte en la mano.
_ ¿Se lo envuelvo para regalo?_ le dijo la cajera al viejito.
_ No, no hace falta. Es para mí.
Por un momento pensé "pero qué cosa...un hombre grande, leyendo Harry Potter". Después me arrepentí, y le sonreí con complicidad. Me devolvió la sonrisa y al ver el libro en mis manos me dijo "pues a ver que le pasa a Harry, ¿eh?". Me palmeó la espalda y agregó "venga, hasta luego".
La cajera me sonrió y me cobró en silencio, con cara de Harry-Potter-es-el-único-que-logra llegar-a-un-anciano,-a-un-niño-y-a-un-flaco-calladito-de-unos-22-años". Yo la miro con cara de ese-es-su-mejor-hechizo-señora.
El libro que más rapido he leído en mi vida es Harry Potter y el Prisionero de Azkaban. Lo terminé en menos de 2 días. Era chico, no tenía 22 años como ahora. Pero no es excusa. Además ahora leo más rápido.
El libro que más veces he leído es Harry Potter y la Piedra Filosofal. Tres veces. Era chico... pero no es excusa, no.
En fin, que hoy me compré el final de una serie que no quiero que se termine. Por eso este post es tan largo. Porque cuando empiece a leer el libro de lomo blanco que me espera ahí en la cama no va a faltar mucho para que ya no haya más Harry Potter que leer. Una vez que empiece no paro, eso lo sé.
En un estrecho sendero bañado por la luna, dos hombres aparecieron de la nada a escasos metros de distancia. Permanecieron inmóviles un instante, apuntándose mutuamente con sus respectivas varitas mágicas, y no aguanto más, me voy a leer el último de Harry.
Ahí se ven.
(*) Había puesto un enlace a Wikipedia pero después reflexioné y decidí que si a esta altura alguien no sabe quién es Harry Potter es porque vive en un termo que está dentro de un táper que está dentro de un termotanque que está enterrado a 100 metros de profundidad en Júpiter.



